jueves, 29 de noviembre de 2012
muchachita ciega
que tú, muchachita ciega,
me veas mejor que nadie,
es una prestidigitación
tremendamente romántica.
por eso, Lolita,
yo le digo
a mi mano desnuda
sobre tu sexo desnudo
bonita criaturada
de frotar la lámpara,
y luego a llevar
la palma diluviada
a estos insuficientes pulmones,
llamar al cielo
de sol luna y estrellitas
y el mundo con su núcleo hirviente
y los pueblos y ciudades
y futuros de pasta y éxito
una sola bocanada
de ti.
respirar tu sal de lluvia,
muchachita ciega,
me es igual que esnifarse a Dios
sobre la mesita de tu apartamento
mientras se rompe el final de tus frases.
cuando te derrames
ángeles salinos encontrarán su sexo
en la mitad de la lluvia.
aquí tienes mi religión,
muchachita ciega,
creer a pie juntillas en la vida mejor
de ese Después que escondes
en el final de tus muslos.
(confundir coño y corazón,
muchachita ciega,
que al tacto es lo mismo.)
Antes, nada.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
todos los ciervos blancos se han muerto
yo quiero estar con vos para siempre
y que la muerte me deje por mentiroso
Todos los ciervos blancos se han muerto,
yacen destripados frente al lago calmo de la noche.
Niños silvestres mastican pequeñas bayas rojas
mientras se musitan deseos enseñando los dientes,
confeccionan con las vísceras de los ciervos
collares festivos al cuello y guirnaldas
de las que desciende una caricia de dedos de sangre
hasta sus sexos desnudos.
En la mitad de esa noche herida
vos sos la luz blanca de la cicatriz.
Me dicen lunático
porque dí mi corazón al ciervo blanco que huía.
Me dicen lunático porque a vos no la ví
y aún así sé pintarla en un cuaderno sin su ropa
lamiéndome la soledad.
Me dicen que en el jardín de un hombre
que no ha follado el milagro
no afloran vinos de agua ni peces de pan.
Me dicen.
Me dicen.
Estúpidos que no entendieron
que vos sos la agujita del pajar
que atraviesa el pie descalzo del ciego,
que no entendieron
que sos el sencillo tenedor de madera
en el sueño bonito de Tántalo.
No saben que yo ví en vos la belleza,
y que la belleza una vez vista
no pretende el loco poseerla
ni guardarla en su cajón de recortes,
tan sólo hacerse un rincón pegadito a su vera hipotética
a aullar y abrirse las muñecas a mordiscos,
pintarle a la muerte parasiempres de sangre en sus muros.
martes, 27 de noviembre de 2012
gravedad
mi corazón
ya se desprende
como fruta de ambrosía
de un árbol de ceniza,
ya rueda infantil
jugando al amor
con las hojas del lecho
que crujen y retozan
y dicen bellos silencios,
el aire trae consigo briznas
de un incendio extinto
donde alguna vez
bulleron los estanques.
el lecho de tu bosque,
muchacha de ojos glaucos,
es ese catre deshecho
de ternura y escándalo
donde mi niño de antes
busca el cuerpo mojado
que lo salve de las lluvias
y de la tormenta.
mientras,
por la cicatriz de tu valle
va derramándose a la noche
una sal
que endulza mis eriales.
y en la ciudad,
donde tu bosque
es una lejanía de luna
que alumbra de follaje
los terribles edificios
y las carreteras,
mi corazón ya se desprende
hacia tu pecho,
muchacha de ojos glaucos,
como una pesada amapola
que cae por ley de gravedad
al firmamento.
lunes, 26 de noviembre de 2012
a puro grito y en silencio
Usted no sabe qué imposible
es decirle que la amo.
Esta imposibilidad de mí
que se llama timidez
va de mi voz a mis poemas.
Es por eso que no sé decirle
que sus ojos pardos
que a veces son verdes
son a veces ojos
y a veces un hogar de árboles
por donde ya juegan chiquillos
a patear las hojas y hacerlas volar
con nuestros apellidos.
Usted no sabe qué imposible
es decirle que su voz
es el ruido que hace mi soledad
al quebrarse,
que su rostro
es la luz que orla de reminiscencia
mis ojos cerrados
cuando esta puta oscuridad.
Decirle que usted es tan perfecta
que hace de lo ideal
una mera aproximación milagrosa,
que mi corazón está viviendo
de prestado en mi pecho
esperando pronto regresar
a casa,
a su casa.
Usted no sabe qué imposible
es decirle que la amo.
Esta imposibilidad de mí
que se llama timidez
va de mi voz a mis poemas.
Es por eso que no sé,
que no alcanza mi voz ni mi palabra
a contarle que su nombre
ha enfermado a mi vocabulario
de incapaz repetición,
que ahora son lolas
las que sobrevuelan
gráciles y níveas
las costas de mi pueblo,
que son lolas espumosas
las que preñan de saliva blanca
el espigón,
que es una dulce lola
la que arrastra los diarios por las aceras
y hace volar mi sombrero,
que es una fulgente lola
la que asoma ámbar en los azules
sobre esta tierra antes yerma
en la que hoy florecen
lolas coloradas como corazones.
Usted no sabe qué imposible
es decirle que la amo,
qué imposible articular que la amo
cuando todo es que la amo,
cuando quiero decirle que la amo
y no puedo, no soy capaz
y escondo tímido que la amo
y no le digo que la amo.
No le cuento que imagino
desordenados lechos
donde sólo huele a sexo
y a nosotros,
que a veces palpo lo inerte
enloquecido
a la búsqueda de su latido
y de su piel lejana,
que me colma de sangre
la sola idea de tocarla,
de recorrerla,
de derramarme
allá donde usted empieza
y termino yo,
acaso viceversa.
Usted, Lola, no sabe qué imposible
es decirle que la amo.
Por eso lo callo.
Por eso lo escondo.
Por eso tan cobarde
susurro tan bajo
y en mi rincón
que la amo,
que usted es la mujer de aire
a la que siempre dediqué mis apóstrofes
y a la que hoy dedico suya y de carne
esta vida mía de pan y poesía,
esta mi entera cobardía.
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