lunes, 10 de diciembre de 2012

Dolores Mejías y el fantasma de Agustín


En la pendiente de Sura hay una escuela chiquita donde los nenes del pueblo entran en tromba mordiendo manzanas y dándole a las puertas sonoramente con los muchos libros que llevan acordados bajo el brazo, geografía, música, sociales, religión, historia, así con los años van dejando largas marcas oscuras que hacen de las paredes y las entradas blancas de la escuela el lomo veteado de una cebra o el contorno tentador de un helado de estracciatella y así la escuela de San Restituto está, a base de tiempo y percusión de la cultura, preciosa y decorada aunque algo menos limpia.

Dolores Mejías dibuja estupendos mapas en el pizarrín, a los primeros críos que acceden al aula siempre y cada vez se les abren los ojos como platos delante de las cordilleras de tiza marrón y dicen qué bien dibuja la maestra y la miran con pupilas de chispa como a un solete y a Dolores Mejías le gusta verlos admirarla porque nunca tuvo hijos aunque siempre quiso.

Las mañanas van dejando a los chiquillos llenos de datos útiles y de gusto bueno de ver a la señorita como explica los ríos y los nombres de los pueblos y los descubrimientos de señores aventureros e importantes y de como a pesar de Dios una vez gigantes monstruos de colmillos dejaban largas huellas en los prados que luego, dice entre risitas, van los curas barriendo con las botas.

Luego al caer la tarde Dolores regresa por la pendiente de Sura saludando con la mano a los últimos chavales que desaparecen por la esquina del colmado pateando latas y sonriente entra en casa donde cierra la puerta tras de sí y queda con la espalda sostenida en el quicio conteniendo las lágrimas pocas antes de entrarse al salón. Y así, a las ocho, como siempre, Agustín.

Agustín es un novio que se le mató a la Dolores pilotando avionetas en Barcelona, y desde allá que viene apareciéndosele azul y trasparentado por los pasillos, cuartos y balcones.

-¿Estás, Agustín?

-Claro que estoy. Estoy fumando en el patio. Pasa, Loli, anda, que te hago repeluses de esos que te gustan. Uy, qué mohínos me traes, amor. ¿Qué te pasa?

-Jope, que estoy enfadada contigo.

-¿Por qué, vida mía? ¿Qué he hecho yo...?

-Estar muerto, jolín, eso has hecho. Hala, ya lo he dicho. Nuri la de matemáticas tiene un novio abogado, de esos que salen por la tele, y tiene un cochito rojo sin techo que es un primor. Y además se le puede tocar, y hacer arrumacos, no como tú que das frío y se te ven los tiestos y la ropa tendida por entre la tripa. Y se van de viajes al por ahí, a ver cosas lindas y la compra bombones de esos de licor que venden en los Matellanes, los de rayadura de naranja que me gustan a mí. Y además, a ver cómo le digo yo a papá lo de mi novio el fantasmón, si es que por no poder no te puede ni matar con la reglamentaria, que ya estás frito.

Entonces Agustín, como en todos los dolerse de Dolores, se acerca con la sonrisilla azul translúcida y donjuanera y hace así como que la toma por la cintura sin tomarla y ve en el reflejo de los portones de vidrio que ella ya se ríe por debajo de la nariz como si el espíritu vaporoso de la vergüenza le fuese haciendo traviesas cosquillas en el corazón suyo.

-En cuantito te mueras nos casamos, tonta. Verás que florazas rojas le van a salir a los senderos del cementerio del Pinar. La tierra se va a poner a terremotear de contenta y en el pueblo ya no se va a poder morir nadie más de pura vergüenza. ¿Pero tú no ves que a mí se me aparece la luz esa brillante cada tarde con todas esas angelonas altas y rubias y esos prados de nata y que me doy media vuelta cada vez para venirme a pasar la tarde fumando de cara a la plaza y a esperarte llegar de la escuela? Si es que eres tan bonita, Loli...

-Déjame, malo. Estoy enfadada.

-Pero eso es porque tengo razón, que bien lo sabes tú que a ti como te quiero yo ya no te van a querer. Lo que pasa es que la 'señoa' maestra se tiene que salir siempre con la suya... je. Jeje.

Y entonces ella ya no aguanta y se ríe muy niña y hace así como que lo besa fuerte sin besarlo. Y así cogidos, ella de carne de melocotón y él de purito más allá, ponen el comedor, luego el pasillo y luego el dormitorio de un bonito de morirse.


sábado, 8 de diciembre de 2012

como si todo

A Lola,
infinita amapola del jardín efímero.

En tu rostro, como si nada,
cuando adentro,
amanecen arrasadores
incendios de sangre
donde arboledas y frutos
afloran nuevos
a cada momento.

En tu rostro, como si nada,
cuando adentro,
una lluvia samaritana
aparta sus rumbos
de tu incendio
por no soliviantarlo
ni extinguirlo
sino extenderlo.

Tu rostro, amor,
como si nada,
va despacio,
reflejo del agua clara,
derramando del cielo baldío
sobre estas dunas fértiles
(desierto de la vida nuestra)
la pequeña muerte
desgranada en lágrimas,
un canto de un cisne,
un silencioso rocío.

Así, en la mitad del mundo,
como si nada,
brota esperanzada,
flor extraña de abiertos pétalos,
de la vida su principio.

En tu rostro, como si nada,
cuando adentro,
acaso en la clausura de tus ojos
sanan finales las orillas de las playas
y enferman de continuidad
los límites de los precipicios.


martes, 4 de diciembre de 2012

el pescador y la ola

A David Mariné


Amadeo se dejó caer en cubierta. Las olas cantaban su nana en la madera. La noche era noche tranquila y negra, las luces chispeaban en el puerto de Los Guildivernos como tímidas y quietas luciérnagas. Cruzó las patas mirando a la luna y encendió su pipa, lloraba y bebía de su botellita a ráfagas cortas de imposibles alegrías y de cuando en cuando silbaba la vieja canción de pesca acompañada por el ruido de los carretes y los chapoteos de los peces. La noche era noche tranquila y negra.

De entre todas las olas, una mostraba su línea de espuma más de plata que las otras, y a poco de estallar en la barca se retiraba un tanto y luego volvía idéntica con la vergüenza intacta y descendiendo sinuosa por el reflejo lunar. Amadeo la advirtió enseguida entre las otras olas comunes y sacó la cabeza sobre estribor escrutando el agua con los ojos enrojecidos. Abrió la boca ampliamente y dejó aflorar un trocito de oscuro amadeo.

Vino aquella ola solitaria con su larga estela de sal a quedar quieta junto a la barca y Amadeo extendió un dedo tembloroso que se adentró en el océano a través de la espuma. La ola se arremolinó complacida en su mano dejando lágrimas de mar en el dorso, en la muñeca y en el antebrazo. Amadeo esperó así un instante largo en la mitad de la noche, aquella ola y él eran lo único vivo en la inmensidad de la madrugada. Llevó después su mano al rostro y respiró profundamente como una primera bocanada de superficie después de una eterna y angustiosa zambullida. Volvió a abrir la boca ampliamente para que esta vez aflorara en lugar de oscuros amadeos un sutil y luminoso siseo de oleaje. Luego aquella ola retrocedió despacio. Como un sueño ligero desapareció con el alba dejando al pescador convertido en caracola.

La noche era aurora tranquila y clara.


lunes, 3 de diciembre de 2012

lo que no puede ser


Yo imagino el sabor de tus aguas transparentes como el tranquilo paseo marítimo
donde una vez sembrados los barbechos de mis labios por la sal que trae polizona la brisa
transcurre mi lengua su encarnada travesía de horizontes y aprehende las partículas salinas
que hablan de ti y de tus sonrojos con precisión meridiana y también un mucho de mimo;
así mi saliva, desembocadura de tus enloquecedores meandros,
va devolviéndote arropada por la catarata a este herrumbroso desguace tras mi costillar
donde autos de época amontonados ya intercambian su robín y los silencios de los cláxones
por encabritados motores, largos senderos y sonoros besos en los autocines.

Yo imagino la piel de las paredes de ti hecha enteramente de cielo abierto y libertad,
un resquicio en la mitad del límite por el que fugarse de madrugada
de este mundo posible donde nada puede ser,
perfumado pórtico de la manzana que entreabierto arroja un hilo de luz a este pozo de mí
como una cuerda salada de oro y de lumbre que tomo con las manos magulladas
y ya despacio, por el largo muro de oscuridad donde refulgen uñas arrancadas,
voy llegándome a tu cuerpo, que no imagino sino conozco lleno de ti.

Porque yo no te imagino, muchachita del confín,
yo te invento idéntica a como tú eres, te creo sin fallos, es decir maravillosa e imperfecta,
así hago de este mundo posible donde nada puede ser
acaso sólo un mínusculo rinconcito de ti y de mí, pero eso sí, donde todo sea.