miércoles, 31 de octubre de 2012

el légamo


El cielo desciende, llueve.

La playa se abraza a la lluvia,
transmuta el sol de sus arenas
en una alfombrada luna nueva,
un oscuro milagro,
un negro crepúsculo de mediodía.

La playa preñada del torrencial
queda sembrada
de hilados troqueles
de las más perfectas huellas,
definidos pasos últimos de mí.

Así la lluvia limpia
que derrama el corazón que tuve
abraza las playas de mi recuerdo,
la miríada de soles, sus arenas suaves
son tras ese buen diluvio
un oscuro manto de valioso légamo,
un oscuro milagro,
un negro crepúsculo de mediodía
sobre el que mis últimos latidos
dejan hermosas huellas del hombre que fui.

lunes, 29 de octubre de 2012

la última moneda


Como soy un tipo
manchado de poesía
acometo estos francos ridículos.

Decirte, por ejemplo,
frente a espejos mal iluminados
que escarbo en los yermos del mundo
en busca de migas
como oscuras aves urbanas
disputan pan amargo
en el perímetro abandonado
de una fábrica de dulces.
Esto en lugar de decirte
que estoy triste,
que soy triste,
sosegadamente desesperado
y hondo;

sólo porque ando manchado de poesía
en la camisa, en los jeans,
en el tiempo,
en los objetos...

También sin conocerte,
muchacha de atrás del muro,
para ti aireo estos absurdos, cotidianos
desnudos verbales de mi cicatriz,
porque además
de andar manchado de poesía
soy un tipo manchado de soledades
que gusta de caminar bajo las lluvias
y comprobar que el agua limpia
que devuelve el cielo a la ciudad
tampoco sirve,
tampoco basta,
que el sol siempre regresa
y que yo sigo manchado
hasta el tuétano de todo esto.

No niego,
muchacha de atrás del muro,
que hay veces que callé
manchado de esperanza o de ti
y puse la mano atrás de muros.

Me pareció
-quise-
que afuera
llovían novelas románticas,
lindas prosas sin desenlace,
ya sabes, tu, mi,
nuestra literatura,
mas traje mi mano de vuelta
y ésta estaba
manchada de poesía,
esta mano mía
con que hoy ordeno rendido
en el cajón
mi camisa, mis jeans,
mi tiempo,
mis objetos...

Esta mano que hoy lo ensucia todo.

Pues sólo soy capaz
de todas estas palabras
que se amontonan como autos
antes bonitos hoy herrumbrosos
en el desguace.

Decirte todas estas metáforas
que suenan a mejor manera,
a elevación, a posibilidad,
a nosotros,
es el peor de mis teatros, el más dañino...

Ocurre que
acabé poeta y acabé tan mal,
tan mal,
muchacha de atrás del muro...

Sinceramente,
en mi mano
tan sólo hay un te amo,
es mi última moneda en esta feria de otros.



viernes, 26 de octubre de 2012

galletita de Yē Sū


Abriste entre fideítos picantes con verduras y la tarta de lichis:

La soledad es un dramaturgo excepcional
que hace del ser humano un excepcional mecanógrafo.

Qué lindo lorito fuiste luego, mi princesa, y cómo dejaste la mesa de migas.

A las amigas:

La soledad es un dramaturgo excepcional
que hace del ser humano un excepcional mecanógrafo.

A los amigos:

La soledad es un dramaturgo excepcional
que hace del ser humano un excepcional mecanógrafo.

Y la mesa llena de migas.


jueves, 25 de octubre de 2012

como si de veras, amor


Mi vida alcanza ese instante del monte
en que dejan de trinar
las copas altas de los cipreses
censores del acantilado
y desde el océano ya sólo atracan silencios.

Es la espera.
Flor del pedregal.

Mira el aire,
se preña de oleajes,
acá nada es prosaico,
este silencio
ya ligeramente húmedo y salino
hace aflorar poesía
en los daños de un hombre.

Qué instante sereno
separado de los otros instantes
por verdaderos ratos,
hormiguea el corazón
que cree en los monstruos,
qué poco significa
en los ojos de este hombre
la palabra abertura,
la palabra cierre.

Si vieras, amor,
como llegan reflotados galeones
desde el fin del mapa
sin que nadie apunte con el dedo
a sus velas.

Aquella cala desierta
prolegómeno del mundo heredado.

Todo el cielo cromado es un nombre
con apellidos cargados de lluvia
que yo te impongo
dormido sobre esta orilla de sequías.

Estoy tan viejo
y enloquezco tan despacio, amor,
no alcanzo a abandonar esta cordura
de recordarte desnuda cada mañana
prolegómeno del mundo encontrado
como si de veras,

como si de veras, amor.

Esta buena locura
que adivina lirios en las rocas
en la mitad de este silencio
va pintando círculos
en derredor de tu ombligo
como un patito feo
que recorre un cerúleo estanque de plata
con las alas heridas de petróleo.

Y si vieras, amor,
qué dibujo,
qué círculo enfermo de espirales,

si vieras, sencillamente.

Tengo miedo a morir mañana,
tantas cosas que decirte,
tantas deshabitadas islas de novela,
necesito tanto que me abraces.

Como si de veras, amor,
como si de veras.